Mangosta no come cocodrilo (Parte V). Por Fabián Escalante Font

La pupila insomne

Los meses que antecedieron al desencadenamiento de la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, mucho antes de la propuesta soviética para la dislocación de los cohetes nucleares en la Isla, fueron tensos y de agresiones cotidianas,  como ha quedado demostrado. Los tambores de  la guerra habían comenzado  a sonar  desde los mismos albores de aquel año.

No se trataba de conjeturas propagandísticas cubanas, sino de hechos. Las acciones públicas de los Estados Unidos así lo evidenciaron. Como tantas veces antes, se preparaba el teatro de operaciones, en la búsqueda de una excusa “plausible”, que posibilitara la actuación directa de las fuerzas norteamericanas. La confrontación fue escalando en una notoria, pública y peligrosa vertical.

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